Descubra Paraguay

| A los amigos paraguayos | A todos aquellos |

V O L V E R

 
     (A los amigos paraguayos
que están lejos.)
 
Hay que volver, amigo.
No dejes que una noche muy larga te lo impida.
Controla tus luceros.
Cuando sientas que va a caer la tarde
Ponte el alto a las espaldas
y regresa.
 
 Te esperan los lapachos.
Hay uno, siempre-el tuyo- inflorecido
por tu ausencia.
Te espera el manantial que ha detenido su corriente.
Verás cómo, otra vez, se desparrama.
Verás cómo florece de nuevo
aquel jazmín de tus ensueños.
Hay que volver, amigo.
Hay que volver desde la pena.
Desde la pobre pena agazapada
en la esquina,
para el escalofrío de una inquietud
de la que huyes.
Vive como si no vivieras.
No se enraícen tus entrañas
en el suelo que pisas y no es tuyo.
No es verdad que seamos ciudadanos
de toda la tierra.
Te hicieron la selva y el Chaco.
Te hicieron estos ríos
de tibio caudal como el de las venas.
Te hizo esta tierra roja,
la sangre de la historia de tus padres
y la esperanza que anida
soñolienta
en el surco apenas iniciado.
Hay que volver, amigo.
Yo me vuelvo.
Es aquello lo mío. Aquí
sin duda tengo más. Tengo
los lazos de la sangre, el sentimiento,
la cultura de siglos,
y un porvenir que ríe en cada alba.
 
 Pero el hilo sutil de aquella voz,
el cuenco
de un cariño infantil, que añora verte,
el azahar de los naranjos
el sortilegio de algún atardecer
entre las palmas,
el misterio, la angustia, y el suspiro,
el dolor y el gozo eviscerante,
eso sólo está allí
y yo no puedo vivir faltándome tanta alma.
 
Pronto,
Antes de que te clave otro lucero.
Hay que volver, amigo.
Allí te espero.
Y allí, cuando te duela todo,
Cuando sientas que muerde la malicia,
Has de quedarte.
   
CESAR ALONSO DE LAS HERAS

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A TODOS AQUELLOS QUE LO DESEEN

QUISIERA cantar esta vez, desde lo más íntimo de 
Mi conciencia,
Al pueblo sumiso, en dolor, quebrantado,
Olvidado por la geografía, metido en las entrañas 
De América,
Y allí, en penuria, y triste, tanto tiempo abandonado.
 
   
A ti quiero cantarte, Paraguay, sin artificios.
Quiébrense mis palabras si pretenden encubrir la
Pobreza de la emoción y del concepto.
Sólo un sollozo quiero, un ¡ay! de angustia, primitivo,
O el cantar variado de las aves, o el hondo palpitar
Del viento.
 
 
¿Qué destino es el tuyo, Paraguay, dividido en la faz
de tus tierras
por la espada reluciente y fría del río que te nombra?
¿Qué debes hacer tú, Paraguay, qué papel desempeñas
bajo la Cruz del Sur, rumoroso y callado, ardiente 
y con sangre a cada esquina de tu historia?
 
 
  ¿Habrás de ser tan sólo el país que menosprecian
los vecinos, el país de la mofa?
¿Habrás de ser, oh Paraguay, la Patria despreciada
por sus propios hijos?
¿Y siempre habrás de estar, Paraguay, a la zaga
del tango porteño, de la samba carioca?
¿Qué tienes tú, dí, Paraguay, de insatisfecho, qué 
hay en tu ser de incomprendido?
 
 
  ¡Ah, qué hervor atropellado de la sangre que ya no 
se contiene!
Qué angustia ya crucial de romper con las manos,
Con los pies, a dentelladas.
¡el enigma que tienes, Paraguay, en tu seno y que
reviente,
y nos llene por siempre de quebranto si es muerte,
o nos llene, si es vida, de entusiasmo, la cara!
 
   
¿Por qué esa angustia, di, por qué esa faz reconcentrada
con surcos de tristeza?
¿Por qué esa muerte, di, a cada paso, de hermanos
contra hermanos?
¿Por qué nunca se acaba en ti lo que se empieza?
¿Qué peso te anodada que no puedes erguirte y 
saludar la aurora con tus manos?

 
 
¿No tienes tú, la tierra más hermosa y las plantas
más bellas?
¿No tienen tus entrañas esperanza ninguna que puedan
dar a luz?
¿No tienes tu mujeres abnegadas y fuertes, no tienes
hermosísimas doncellas?
¿O no tienes, dímelo a mí en secreto, no tienes juventud?  
 
   
¡Ah, Paraguay, enigma de esta parte de América
centro del Sur, ombligo
retorcido y profundo; en apariencia sólo, en apariencia, claro;
habrá que penetrarte, enmarañada selva, surcar todos
tus ríos,
adherirse a la tierra y sorprender el curso de los astros!  
 
 
Habrá que echar afuera la máscara de opropio, el
Antifaz de muerte,
Y desnudarte, Paraguay, para auscultar tus males,
Palpar tu pulso en el latir de los siglos,
Reconocerte, en fin, y recrearte en el empeño noble
De traducir fielmente
Tu esencia, Paraguay, y tu destino.
 
CESAR ALONSO DE LAS HERAS

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